El rector de Justin, de Louis Auchincloss Ressenyes

Reseña

El rector de Justin, de Louis Auchincloss. Libros del Asteroide, Barcelona, 2010

Louis Auchincloss (Lawrence, NY, 1917-Nueva York, 2010) fue abogado en Wall Street, y perteneció a la séptima generación de una familia de nobles escoceses llegados a Manhattan en 1803. Socio de un importante bufete hasta su jubilación y habitante del Upper East Side, las criaturas de sus novelas comparten el ambiente del autor: tienen servicio doméstico, viajan a Europa por vacaciones y acuden a colegios privados antes de ingresar como si tal cosa en Harvard o en Oxford.

Todo sucede en uno de esos internados masculinos, el imaginario Saint Justin Martyr, a 50 kilómetros de Boston. Brian Aspinwall, un joven profesor recién salido de la universidad, llega a ese selecto colegio de secundaria y queda enseguida impresionado por la figura de su fundador, el rector episcopaliano Francis Prescott. La admiración derivará en la idea de biografiarlo y la novela es el proceso de recopilación de un material a veces contradictorio que podrá dar una visión poliédrica de “la persona más importante de la educación secundaria en Estados Unidos”. Un brillante fragmento pone de relieve la tensión entre realidad y ficción inherente a toda biografía: “Para aquellos que puedan decir que estoy pensando más en una novela que en una historia real, sólo tengo una respuesta: que las historias reales de todos los grandes hombres han tenido siempre algo de ficción”. Lo que el biógrafo habrá de dirimir finalmente es si la vida de Prescott se ha puesto al servicio del materialismo y el esnobismo, como el propio rector piensa al final de sus días, o, en cambio, había persuadido a los alumnos de que “la vida puede ser apasionante […] y Dios quería que lo pensaran así”, tal como cree el biógrafo.

La estrategia de Auchincloss para que el lector siga leyendo consiste en intercalar las anotaciones de Brian Aspinwall con las aportaciones en primera persona de otros que también trataron al rector. Los capítulos iniciales de unas memorias inconclusas de Havistock abordan la infancia y juventud de Prescott. Las notas del presidente del consejo escolar, David Griscam, sirven para ver al rector frente a las presiones de un entorno adinerado e influyente. Los monólogos de Cordelia (Prescott tiene tres hijas, como el rey Lear) nos lo acercan en su trato con la familia. El breve capítulo de un libro inédito de Charley Strong –emblema de la “generación perdida” en el París posterior a la Gran Guerra– nos ofrecen la perspectiva ambigua del hombre que acompaña a bien morir. Por último, las notas que Jules Griscam escribe a su psicoanalista son sarcásticas con el director legendario, casi deificado.

El estilo de Auchincloss es el de quien se sitúa en la tradición de Henry James y Edith Wharton. No rehúye la hipotaxis y enlaza con facilidad pasmosa frases candidatas a libros de citas. Un estilo que se corresponde perfectamente con un ambiente en que en la clase de religión se cita a Richelieu y los tertulianos mantienen discusiones teológicas con conocimiento de causa.

Antes de la muerte de Auchincloss, el crítico del Washington Post Jonathan Yardley dedicó a esta novela publicada en 1964 y candidata al Pulitzer unos elogios que suscribo palabra por palabra: “Se trata […] de una obra maestra menor de la literatura del siglo xx” y “Frank Prescott es uno de los grandes personajes de la ficción norteamericana”. Cabe decir que las obras maestras menores son la especialidad de Libros del Asteroide, y esta vez reinciden en proponernos una nueva lectura para lectores que valoran su tiempo.

(Publicado en El Ciervo.)